La espinaca y la vitamina E: lo que cree mucha gente y lo que dicen las cifras

La vitamina E es la que protege de la oxidación a las grasas que forman las membranas de tus células. Cada célula del cuerpo está envuelta en una capa de grasa, y esa capa se daña con facilidad cuando nada la cuida.
Pero la mayoría de la gente la busca en la ensalada y en la fruta, que es justo donde casi no está. Las hojas verdes aportan algo, sí, aunque mucho menos de lo que se supone.
La razón es simple y es física: la vitamina E es liposoluble, o sea que se disuelve en grasa y no en agua. Se guarda donde hay grasa y necesita grasa en la misma comida para absorberse bien.
Una semilla es, en el fondo, una reserva de grasa para una planta futura. Esa grasa tiene que aguantar meses sin oxidarse, y la semilla la protege con vitamina E. Por eso los frutos secos, las semillas y sus aceites concentran tanto, y una fruta acuosa casi nada.
En cifras: 30 gramos de semillas de girasol aportan 7,4 mg y 30 gramos de almendras, 6,8 mg. Una cucharada de aceite de girasol suma 5,6 mg y 30 gramos de avellanas, 4,3 mg. Una taza de espinaca cocida y escurrida llega a 3,7 mg.
Un puñado de girasol más uno de almendras suman 14,2 mg de los 15 mg diarios que las Academias Nacionales fijan como referencia para el adulto, hombre o mujer. La espinaca acompaña; la semilla es la que carga con el grueso.
Mito o verdad
«Las hojas verdes son la mejor fuente de vitamina E»
MITO
Un puñado de 30 g de semillas de girasol trae 7,4 mg de vitamina E. Una taza de espinaca cocida, 3,7 mg.
Fuente: USDA FoodData Central; Academias Nacionales de Ciencias.
Información general con fines educativos. No reemplaza la consulta con un profesional de la salud.
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