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El almidón de la papa fría: por qué alimenta a tus bacterias del intestino

El almidón de la papa fría: por qué alimenta a tus bacterias del intestino

El almidón resistente es la parte del almidón que tus enzimas no alcanzan a romper en el intestino delgado. No se convierte en glucosa a esa altura: sigue de largo hasta el intestino grueso, donde lo fermentan las bacterias que viven allí.

Pero ese almidón no aparece en ninguna tabla nutricional, porque no viene con el alimento: se forma en tu cocina. Una papa recién hervida tiene poco; la misma papa, después de doce horas en frío, tiene bastante más.

Al cocinar con agua, los gránulos de almidón se hinchan y se abren, y quedan fáciles de digerir. Al enfriarse, esas cadenas vuelven a ordenarse en estructuras compactas que las enzimas ya no reconocen bien.

Por eso el recalentado suave conserva buena parte de lo que se formó: esas estructuras aguantan el calor moderado. Unos minutos a fuego bajo o un salteado corto las mantienen; un hervor largo las deshace en parte.

Una taza de arroz blanco cocido aporta 0,6 gramos de fibra, y 40 gramos de avena en hojuelas, unos 4 gramos. Una taza de frijoles negros cocidos llega a 15 gramos y una banana mediana, a 3,1 gramos; cuando la banana está poco madura, parte de su almidón todavía es resistente.

El mismo plato, hecho la víspera y guardado en frío, llega distinto a tu intestino. El cambio está en el refrigerador, no en la receta.

Lo que muestra la imagen

Fuente: USDA FoodData Central; NIH, Oficina de Suplementos Dietéticos.

Información general con fines educativos. No reemplaza la consulta con un profesional de la salud.

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